La salida forzada de Óscar Puente del Consejo de Ministros llega tarde y con olor a cortina de humo para Moncloa.

Lejos de actuar como un cortafuegos eficaz, el sacrificio del titular de Transportes constata el pánico interno en el cuartel general socialista tras semanas de desgaste y crisis de gestión.

En las encuestas no hay clemencia: el electorado no parece dispuesto a absolver al presidente cargando toda la culpa en un peón ministerial.

El estudio demoscópico más reciente de Sigma Dos para *El Mundo*, publicado al inicio de esta semana, dibuja un desplome sin precedentes del PSOE en lo que va de legislatura.

Los socialistas caen hasta el 24,6% en estimación de voto, dejándose siete puntos respecto al 23J y quedando encallados en una horquilla de entre 97 y 103 escaños.

Ni la retórica triunfalista del Ejecutivo ni los intentos de polarización han contenido una fuga de apoyos que amenaza con romper el suelo electoral del partido.

Un bloque conservador muy por encima de los 176 escaños

En la otra orilla del hemiciclo, el Partido Popular de Alberto Núñez Feijóo capitaliza el declive gubernamental con un 31,1% de los sufragios, lo que se traduciría en una bancada de entre 133 y 139 diputados.

Sin embargo, el verdadero propulsor de la mayoría de gobierno no es el entusiasmo por Génova, sino la consolidación de Vox.

Los de Santiago Abascal se afianzan en el 19,3% del electorado y disparan su representación parlamentaria a una horquilla de entre 63 y 69 actas.

Las matemáticas parlamentarias resultan implacables: la suma de PP y Vox se movería en una banda de entre 196 y 208 escaños, pulverizando con holgura el umbral de los 176 diputados que marca la mayoría absoluta en el Congreso.

Con estos números sobre la mesa, la investidura de Feijóo no dependería de componendas periféricas ni de equilibrios imposibles, sino exclusivamente de las exigencias que Abascal ponga sobre la mesa para entrar en la coalición.

Con todo, conviene mirar la demoscopia con el escepticismo de rigor.

Cualquier proyección en un sistema de circunscripciones provinciales como el español carga con un margen de error cercano al ±3% y una sensible asignación de los últimos restos en provincias medianas.

Si el repliegue del voto útil socialista o una hipotética desmovilización del votante conservador ante el triunfalismo aprietan las horquillas, la partida aún podría apretarse en las tres semanas que restan hasta el 29N.