La maquinaria propagandística de La Moncloa ha perdido el compás.

La convocatoria anticipada para el próximo 29 de noviembre, ideada por Pedro Sánchez como una maniobra táctica para escapar del desgaste legislativo y sortear el bloqueo parlamentario de iniciativas clave como los decretos de vivienda, se ha transformado en un terreno minado para las filas socialistas.

El guion de confrontación ideológica y movilización de bases planificado para este mes de noviembre ha quedado neutralizado por la dura realidad institucional y los fallos en las infraestructuras del Estado.

El punto de inflexión definitivo ha sido la dimisión fulminante de Óscar Puente al frente del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible.

Aunque la presidencia intentó en un primer término sostener a uno de sus principales arietes dialécticos, el impacto del siniestro ferroviario de Urda (Toledo) —que causó 69 muertos y decenas de heridos en el segundo siniestro mortal en menos de un año— hizo insostenible su continuidad.

La renuncia del ministro durante su comparecencia parlamentaria supuso un reconocimiento tácito del desbordamiento en la gestión ministerial.

Un cambio de cromos para contener el incendio

Para taponar la sangría en Transportes y evitar una erosión electoral irreversible, Sánchez ha recurrido a Carlos Cuerpo para asumir la cartera.

Se trata de un movimiento defensivo que busca proyectar solvencia técnica frente al desgaste partidista, situando a una figura de corte económico y perfil bajo fuera de las listas electorales en un área que ha dejado de ser un escaparate de inversión para convertirse en el epicentro de las críticas a la gestión pública.

Sin embargo, el recambio ministerial no despeja la tormenta política sobre el Ejecutivo.

A la crisis en las redes de transporte se suma la reapertura de la vía judicial, con las actuaciones recientes de la Guardia Civil en torno al entorno del exministro José Luis Ábalos.

La oposición, encabezada por el Partido Popular de Alberto Núñez Feijóo y por Vox, ha aprovechado de inmediato la coyuntura para situar la responsabilidad última en el propio presidente, vinculando los problemas en la infraestructura pública a presuntas tramas de corrupción e ineficiencia en las adjudicaciones.

El relato del Gobierno, desbordado antes del 29-N

El intento del aparato de Ferraz por convertir la salida de Puente en un 'ejemplo de dignidad política' frente a los partidos de la oposición choca con el escepticismo de un electorado desencantado.

La sucesión de ceses en el núcleo duro del sanchismo y las explicaciones no solicitadas evidencian que el Ejecutivo ya no fija los ritmos de la conversación nacional.

A menos de un mes de la cita con las urnas, la campaña que debía servir para revalidar el mandato de Sánchez se ha convertido en una carrera de obstáculos.

La crisis ferroviaria y los ecos de los tribunales han arrebatado a Moncloa el control del escenario, obligando al partido del Gobierno a una estrategia de pura resistencia en un ambiente marcado por la desconfianza ciudadana hacia la gestión estatal.