A tres semanas exactas de la cita con las urnas del 29 de noviembre, el relato triunfalista de Génova choca de frente con la cruda realidad de la ley electoral y los equilibrios parlamentarios.

Pese a las declaraciones de Alberto Núñez Feijóo eludiendo su responsabilidad directa en un hipotético pacto con Abascal, las proyecciones demoscópicas publicadas reflejan una dinámica persistente: el Partido Popular se sitúa como primera fuerza en intención de voto, pero se encuentra muy lejos de una autosuficiencia operativa que le permita prescindir del ala dura a su derecha.

El estudio de NC Report sitúa al PP en el 33,0% de los sufragios, lo que le otorgaría unos 136 escaños.

Aunque los populares consolidan su condición de primera fuerza frente al 25,6% del PSOE, la distancia no basta para desactivar el cerco aritmético.

Todo sondeo debe leerse con la debida cautela estadística: con un margen de error muestral habitual de ±3,1% para mil entrevistas, cualquier variación de apenas dos puntos en circunscripciones medianas puede alterar drásticamente el reparto de los últimos escaños en liza entre los bloques antagónicos.

La barrera de los 176 escaños y el dilema de la investidura

El PSOE, por su parte, resiste con 25,6% pero sufre un notable desgaste de más de seis puntos porcentuales respecto a los comicios anteriores, lo que cercena las opciones de revalidar la coalición que hasta ahora ha sostenido a Pedro Sánchez en el poder.

La fragmentación a su izquierda y la debilidad de sus socios habituales impiden recomponer la mayoría parlamentaria que sacó adelante la anterior legislatura, dejando al bloque de investidura actual en una posición numéricamente inviable para frenar una alternativa conservadora.

En este escenario, Vox capitaliza el descontento alcanzando el 19,3% de los votos.

Dicho porcentaje otorga a la formación de Santiago Abascal una posición de veto imprescindible en cualquier ecuación de investidura.

La suma del bloque de la derecha superaría con holgura los 176 escaños necesarios para la mayoría absoluta, pero situaría al líder del PP en la tesitura exacta que intenta esquivar en sus intervenciones públicas: negociar carteras y programa gubernamental con un socio incómodo.

Por el flanco periférico, las fuerzas nacionalistas e independentistas como Junts (1,8%), ERC (2,0%), EH Bildu (1,4%) y PNV (0,9%) retienen sus nichos territoriales pero pierden capacidad de arbitraje transversal si el centroderecha amarra la mayoría absoluta sin requerir abstenciones ajenas.

Con los datos sobre la mesa, la campaña que arranca no decidirá tanto quién gana el 29N, sino el coste exacto que pagará el inquilino de La Moncloa para sentarse en el Consejo de Ministros.