A 27 días de que se abran las urnas este 29 de noviembre, el tablero político español acusa un seísmo de consecuencias impredecibles para La Moncloa.

El espejismo de la remontada que el aparato de propaganda gubernamental venía alimentando durante las últimas semanas se ha disuelto tras el trágico accidente ferroviario de Urda (Toledo).

Los primeros sondeos de campo concluidos a comienzos de noviembre muestran un frenazo en seco para las aspiraciones del bloque de investidura y un ensanchamiento de la ventaja conservadora.

El estudio demoscópico más reciente de SocioMétrica para *El Español*, cerrado el 1 de noviembre sobre una muestra de 4.893 entrevistas (margen de error ±1,4%), sitúa al Partido Popular en el 32,7% de los sufragios, lo que le otorgaría 139 escaños en la Cámara Baja (incluyendo UPN).

Por su parte, el PSOE retrocede hasta el 26,6% y se queda en 106 actas, una sangría que se acentúa en las estimaciones de Sigma Dos para *El Mundo*, donde la candidatura de Pedro Sánchez llega a perder 450.000 votos y roza la barrera psicológica de los 100 diputados (horquilla de 97-103 y 24,6%).

La barrera de los 176: un bloque de investidura exhausto

El análisis de la aritmética parlamentaria arroja un veredicto implacable: la línea infranqueable de la mayoría absoluta, fijada en 176 diputados, se aleja definitivamente para Pedro Sánchez.

La suma del PP y Vox alcanzaría hoy entre 203 escaños (según SocioMétrica) y una horquilla de 196 a 208 asientos (según Sigma Dos).

La formación de Santiago Abascal resiste como tercera fuerza consolidada con el 19,1% y 64 diputados, confirmando que la derecha no solo suma con solvencia, sino que roza la mayoría cualificada.

Frente a este empuje, el bloque que articuló la última investidura se hunde en la irrelevancia numérica.

El espacio a la izquierda de los socialistas, dividido y lastrado por el desgaste institucional, apenas cosecharía 10 actas a través del Frente Amplio y sus confluencias (6,1%), mientras que Podemos caería al 1,7% sin representación garantizada en la mayoría de provincias.

Con este reparto, el actual oficialismo y sus socios habituales se situarían a más de 30 escaños de toda opción matemática de revalidar el poder.

Conviene, no obstante, mantener la cautela metodológica propia de cualquier fotografía fija.

A casi cuatro semanas de la cita electoral, el margen de oscilación provincial en el reparto de los últimos restos y una bolsa de indecisos todavía elevada obligan a no confundir sondeos con escrutinio.

Sin embargo, la tendencia es clara: la gestión de las infraestructuras y el colapso del relato monclovita han dejado al Ejecutivo sin margen de maniobra en el momento decisivo del calendario.