A menos de cuatro semanas de que se abran las urnas del 29 de noviembre, el tablero electoral muestra signos evidentes de agotamiento para el bloque gubernamental.

La precampaña, sacudida por la reciente catástrofe ferroviaria de Urda y el consiguiente debate sobre la gestión del Ministerio de Transportes, ha frenado cualquier conato de remontada en las filas de la Moncloa.

Los sondeos publicados en el arranque de noviembre coinciden en diagnosticar un repliegue del voto socialista frente a una derecha que rentabiliza el desgaste institucional.

El estudio de NC Report para *La Razón*, con trabajo de campo finalizado a finales de octubre y un margen de error muestral habitual de ±3%, sitúa al Partido Popular en cabeza con el 32,6% de los sufragios, lo que se traduciría en una horquilla de 136 a 138 diputados.

Aunque Alberto Núñez Feijóo se mantiene como fuerza más votada, su crecimiento parece estabilizarse, delegando la mayor parte del impulso del bloque opositor en el crecimiento de Vox.

La polarización catapulta a Vox y estrangula las opciones de la izquierda

La formación de Santiago Abascal alcanza en este registro el 19,3% de los votos y entre 66 y 68 escaños, rozando su techo histórico y consolidándose como socio indispensable en cualquier futura mayoría parlamentaria.

Por el contrario, el PSOE retrocede hasta el 25,6% y se movería entre los 98 y 101 escaños, perdiendo más de 1,5 millones de papeletas respecto a la cita electoral del 23 de julio de 2023.

La erosión socialista evidencia que la apelación constante al miedo a la extrema derecha ha perdido fuelle entre un electorado castigado por la fatiga de gestión.

En el espacio a la izquierda de la socialdemocracia, la dispersión de candidaturas agrava el perjuicio del sistema electoral en las circunscripciones medianas y pequeñas.

La fractura entre las confluencias y Podemos condena a la formación morada a una situación testimonial en el entorno del 2%, sin garantías de retener presencia decisiva, lo que reduce drásticamente el rendimiento de escaños por cada voto progresista emitido.

Con la mayoría absoluta fijada en 176 escaños en la Cámara Baja, la suma de PP y Vox alcanzaría entre 204 y 208 actas, superando con holgura cualquier combinación alternativa.

A 26 días de la votación, revertir una ventaja de más de veinte escaños por encima de la mayoría exigirá un vuelco drástico de la participación y de los indecisos en una campaña que se prevé de enorme tensión institucional.