La gestión del Comité Técnico de Árbitros (CTA) bajo la dirección de Fran Soto no logra salir de la espiral de críticas.
A pesar de la implementación de manuales de unificación de criterios y programas de análisis, los errores arbitrales siguen siendo el protagonista negativo de cada jornada de LaLiga.
El malestar es generalizado.
Clubes y aficionados han denunciado en repetidas ocasiones decisiones que consideran arbitrarias, como la falta de expulsiones en jugadas claras o la anulación de goles bajo criterios confusos.
El caso del derbi madrileño, donde el propio CTA tuvo que admitir errores que perjudicaron al Real Madrid, es solo un ejemplo de la inestabilidad que rodea al arbitraje español.
La apuesta por eliminar el criterio de territorialidad en las designaciones ha sido otro de los puntos negros de la gestión actual.
Críticos y entrenadores han señalado que esta medida no ha aportado la imparcialidad prometida, sino que ha generado más dudas sobre la capacidad de los colegiados para dirigir partidos de alta tensión.
El programa 'Tiempo de Revisión' de la RFEF, diseñado para aclarar las polémicas, ha sido objeto de críticas por no explicar acciones clave o por confirmar decisiones que la mayoría de los expertos consideran erróneas.
Esta falta de autocrítica real ha provocado que el programa sea visto más como un órgano de defensa del estamento que como un espacio de transparencia.
La situación es tan crítica que figuras del fútbol han llegado a calificar el estado del arbitraje como un 'escándalo' permanente.
La desconfianza es tal que cualquier decisión, por técnica que sea, es analizada bajo la lupa de la sospecha, alimentada por los antecedentes judiciales que aún pesan sobre el fútbol español.
Para este 2 de noviembre de 2026, la realidad es que el CTA no ha logrado recuperar la confianza perdida.
La gestión de los árbitros sigue siendo un lastre para la imagen de la competición, y las medidas adoptadas hasta la fecha se muestran incapaces de frenar el descontento generalizado.













