La maquinaria electoral de La Moncloa afronta la recta final hacia el 29 de noviembre atrapada en su propio laberinto.
A falta de escasas semanas para que los colegios electorales abran sus puertas, los sondeos publicados en los primeros días de noviembre coinciden en señalar un escenario desolador para el oficialismo.
La última oleada de SocioMétrica sitúa al Partido Popular en un 32,7% de estimación de voto y 139 escaños, consolidando a Alberto Núñez Feijóo como primera fuerza indiscutible en la Carrera de San Jerónimo.
Por el contrario, el PSOE se precipita hasta el 26,6% y apenas 106 diputados, muy lejos de los 121 escaños cosechados en 2023.
El desgaste del Ejecutivo se traduce en una desmovilización evidente de su base tradicional, incapaz de frenar el castigo por el desgaste de la legislatura y la debilidad parlamentaria.
Ni siquiera las apelaciones al voto útil logran insuflar aire a una candidatura socialista que ve cómo sus socios naturales pierden peso de forma alarmante en el reparto provincial.
La barrera de los 176 y el fin del perímetro de investidura
El dato más elocuente no reside en los titulares de victoria relativa, sino en la aritmética implacable del hemiciclo.
La suma de PP y Vox alcanza los 203 escaños en la proyección de SocioMétrica —con los de Santiago Abascal disparados al 19,1% y 64 escaños—, superando con holgura la barrera de la mayoría absoluta fijada en 176 diputados.
Incluso aplicando los márgenes de error habituales de la demoscopia (en torno al ±1,5% para muestras amplias), la distancia entre bloques resulta insalvable para el actual oficialismo.
El bloque gubernamental sufre una fragmentación letal a su izquierda.
El declive del espacio a la izquierda del PSOE, junto al repliegue de Podemos al 2,6%, dinamita la eficiencia del sistema D'Hondt en las circunscripciones medianas y pequeñas, donde los restos se van directamente a las listas más votadas.
Mientras formaciones como ERC (2,5% y 9 actas) conservan un suelo territorial, el magma progresista estatal queda diezmado y sin capacidad de vertebrar una alternativa.
Quedan veinte días para contrastar la demoscopia con la realidad de las urnas, pero la tendencia dibuja una despedida: el bloque de investidura que sostuvo a Sánchez ha perdido su mayoría social y parlamentaria, mientras el poder institucional empieza a prepararse para un relevo inapelable.












