La red ferroviaria española suma un capítulo más a su annus horribilis.

Un AVE de Renfe con salida de Madrid-Puerta de Atocha a las 14.27 y destino a Figueres se ha incendiado esta tarde poco después de las cuatro, cuando el fuego se ha declarado en la máquina de cola del convoy a la altura de Ricla, en la provincia de Zaragoza, en el tramo entre Calatayud y la capital aragonesa.

Los cerca de trescientos viajeros a bordo han tenido que ser evacuados a una zona segura mientras los bomberos intervenían para sofocar las llamas, según la información de El Confidencial.

Renfe ha informado de que no se han registrado heridos, aunque dos viajeros han necesitado atención médica por mareos, según la Cadena SER.

La operadora pública ha definido lo ocurrido como un conato de incendio, un eufemismo difícil de sostener ante las imágenes difundidas por los propios pasajeros en redes sociales, donde se ven llamas de considerable intensidad en uno de los extremos del tren.

Otra vez la misma liturgia: minimizar el titular y rezar para que el vídeo no viralice.

La incidencia ha obligado a cortar el suministro eléctrico de la catenaria para facilitar el trabajo de los equipos de emergencia, y Adif ha suspendido la circulación en ambos sentidos entre Calatayud y Zaragoza.

El corte ha dejado sin servicio a los tres operadores que compiten en el principal corredor ferroviario de España: Renfe, Iryo y Ouigo.

Tres empresas paralizadas por una incidencia originada en un tren de la operadora pública que factura el presupuesto de todas.

El momento tampoco podía ser más inoportuno: el incendio coincide con la operación retorno del puente del 12 de octubre y con las Fiestas del Pilar, una de las fechas de mayor actividad del año para las conexiones ferroviarias con Zaragoza.

Miles de viajeros se han quedado varados en estaciones sin previsión oficial de reapertura ni número total de trenes afectados.

Renfe ha habilitado cambios de billetes y devoluciones sin coste, el consuelo de siempre.

El suceso llega además en el año más negro del ferrocarril español en décadas: nueve meses después del accidente de Adamuz, que costó la vida a 46 personas, y con España liderando la estadística europea de descarrilamientos.

Una locomotora que arde en pleno corredor Madrid-Barcelona es la crónica de una red que acumula avisos sin revisar, un ministerio que evalúa riesgos por encargo y un gestor que certificó la vía de Adamuz dos meses antes de que se partiera.

La diferencia entre esta tarde y enero es que, esta vez, los viajeros de Ricla han vuelto a casa por su propio pie.

Mientras Adif evalúa las consecuencias del incendio y los pasajeros rescatados comparten los vídeos de las llamas, la pregunta es la misma que quedó sin respuesta en el Senado: ¿cuántos avisos más tiene que quemar la red ferroviaria antes de que alguien revise el material y las vías con otra prioridad que no sea la del titular?