La hostelería de Ceuta se encuentra en una situación límite.
La crisis provocada por la presión migratoria y la inestabilidad en la frontera ha tenido un impacto devastador en bares, restaurantes y empresas turísticas de la ciudad.
En un manifiesto conjunto, la Asociación de Hostelería y la Cámara de Comercio han alertado de que, sin seguridad, el consumo es inexistente.
El sector denuncia una caída drástica de clientes y una oleada de cancelaciones que está poniendo en peligro la supervivencia de numerosos negocios.
La imagen exterior de la ciudad se ha visto gravemente deteriorada, lo que ahuyenta a los visitantes y reduce el flujo de ingresos necesario para mantener el empleo en un sector que es vital para la economía ceutí.
Los hosteleros reclaman al Gobierno de España y a la Delegación del Gobierno una respuesta 'visible y mantenida en el tiempo'.
Consideran que las medidas actuales son insuficientes y exigen acciones concretas que permitan recuperar la confianza y la normalidad en las calles.
Sin un entorno seguro, advierten, será imposible proteger los puestos de trabajo y evitar el cierre masivo de empresas.
La crisis en Ceuta no es solo un problema de seguridad, sino una emergencia económica.
Los empresarios señalan que la falta de una estrategia clara por parte del Ejecutivo central está dejando a la ciudad a su suerte.
La hostelería, que siempre ha sido un motor de convivencia y desarrollo, se siente abandonada ante una situación que consideran que requiere una intervención urgente y decidida.
El malestar en el sector es palpable.
Los hosteleros insisten en que no pueden seguir trabajando en un clima de incertidumbre constante.
La falta de seguridad no solo afecta a los negocios, sino que erosiona la calidad de vida de los ciudadanos y la estabilidad de toda la región.
La exigencia de una respuesta gubernamental es unánime y desesperada.
Mientras la situación en la frontera sigue siendo un foco de conflicto, los hosteleros de Ceuta continúan haciendo frente a una realidad económica asfixiante.
La supervivencia de sus negocios depende de una seguridad que, a día de hoy, sigue siendo la gran asignatura pendiente del Gobierno en la ciudad autónoma.










