La hostelería española se enfrenta a una paradoja insostenible.

Mientras las terrazas y restaurantes muestran una imagen de aparente normalidad con alta demanda, la realidad contable de los empresarios es desoladora.

La falta de personal cualificado y una rentabilidad desplomada se han convertido en los principales lastres que impiden la viabilidad de miles de establecimientos en todo el país.

Expertos del sector señalan que la ausencia de herramientas de gestión adecuadas, como escandallos actualizados, está provocando que muchos negocios operen a ciegas.

Esta desorganización, sumada a cartas sobredimensionadas y compras ineficientes, está devorando los márgenes de beneficio de los hosteleros.

La situación es tan crítica que existen restaurantes que, aun batiendo récords de facturación bruta, cierran el ejercicio con una rentabilidad inferior a la del año anterior.

El incremento de los costes operativos, agravado por la inflación persistente, está dejando las cuentas de los negocios vacías.

Aunque el sector intenta mantener el empleo, la realidad es que la estructura de costes actual es insoportable para la pequeña y mediana empresa hostelera.

La falta de previsión y la incapacidad para ajustar los precios a la realidad del mercado están llevando a muchos locales al borde del cierre definitivo.

Esta crisis no es coyuntural, sino estructural.

La incapacidad del sector para retener talento y la presión fiscal asfixiante sobre los autónomos del gremio dibujan un panorama sombrío para los próximos meses, donde la supervivencia dependerá de una reestructuración profunda que muchos no podrán afrontar.

La dependencia de la demanda estacional, lejos de ser una solución, se ha convertido en un parche que oculta problemas de fondo mucho más graves.

Sin una gestión profesionalizada y un entorno económico que no castigue la actividad, la hostelería española se encamina hacia un invierno de cierres masivos.